
Es la flor de los excesos, la que condensa en su microcosmos el universo entero,
todos los colores y las formas entre sus juegos de sépalos y pétalos.
Tanto, que pareciera estar hecha por una impronta de hálito divino,
dispuesto sólo con la fina intención de producir belleza,
que encierra misterios y a la vez solapa erotismo.
Así la definía Juana de Ibarbourou
Como una sola Flor Desesperada
"mi vida es de tu vida tributaria,
ya te parezca tumulto o solitaria,
como una sola flor desesperada.
Depende de él como del leño duro
la orquídea, o cual la hiedra sobre el muro,
que solo en él respira levantada."
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